Las 7 y 10 de la mañana, sonó el despertador como un enemigo, aún así no teníamos ganas de dormir, entre los mil nervios y las cinco mil mariposas en el estómago sin parar de revolotear, bajamos a desayunar. A las 8 en recepción como un clavo, una explicación de la regla básica "no dar el coñazo al recepcionista", una minicharla en inglés nos asustó todavía más, susurros de todos "no entendí nada" y cada uno a su respectiva clase.
A mí me tocaba ir con la compañera de habitación de mi amiga, así que ya por lo menos iba un pelín menos histérica.
Entré en la clase la primera y una profesora me empezó a hablar, por supuesto en inglés y la primera vez la contesté algo que no era, ya me volvió a preguntar y por fin me empecé a aclimatar. Me mandó sentarme junto a otras 2 personas, en total éramos 4. Me tocó definirme y cuando no supe que decir me quedé trabada, típico en mí.
Luego llegó otra chica y poco a poco, uno a uno nos fueron sacando para el oral. Creo q me temblaba la voz y me estaba medio mareando de la presión, pero la profesora fue superamable y a cada segundo me decía "don't worry", y yo pensando "si claro, y de esta me deportais".
Después del fatídico examen oral y de más o menos hacer el escrito, fuimos a comer. Al volver nos dijeron que nos habían recolocado. "2A" "¿Qué? (lo tuve q mirar más de una vez). Ay madre! si soy lerda! pero cómo me meten ahí?!" Uf madre, ahí si que se me revolvió la adrenalina, yo no se que iba a hacer ahí en un nivel que yo no consideraba ni de lejos apropiado para mi estado catatónico. Al entrar por la puerta reconocí a las dos chicas que me había tocado en el "1A". Sentí un alivio increíble, por lo menos seguían mi estilo. Conocí a otro chico, que casualmente es de mi barrio y al que nunca había visto) y a otra chica. De pronto entró el profesor con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía superjoven y con muchas ganas de empezar, de hecho estaba encantado de dar gramática.
Hicimos unas minipresentaciones de todos, y como soy tan observadora enseguida me di cuenta de cómo eran cada uno:
-Deni, una búlgara, estudiando en Valencia ingeniería, muy abierta y sencilla.
-Lourdes, una ibicenca, estudiando en Salamanca magisterio, superextrovertida.
-Belén, de Albacete pero estudiando arquitectura en Valencia con su novio, parecía muy segura.
-Jairo, ingeniero infomático, de mi ciudad, callado, acojonado como yo, estudiando en su ciudad, como yo, supernervioso, como yo. Quizás es el que más se me parecía y eso me aliviaba, por fin alguien que es como mi forma de ser.
-Y Stephen claro, superhappy de la vida, muy agradable y lo hacía todo tan sencillo... me recordó en algunas idas de olla a mi mejor amigo, Alberto.
Después de darnos la bienvenida, de presentarnos y empezar su clase, nos tocó el turno de la siguiente profesora, Leeann.
Ella daba presentación, lo más temido por todos, porque sí, ahí es donde teníamos que perder lo que al menos a mí me sobra por exceso, timidez. Yo necesito mi tiempo de aclimatación, pero aquí no había tiempo. El tiempo, eso era algo que también descubriríamos. Y lo típico, nos presentamos otra vez, una pequeña clase a modo de ejemplo a modo de trabalenguas imposibles y por supuesto también nos mandó tarea para el día siguiente.
Sinceramente esta clase o la profesora en sí, no es que lo tenga muy claro, me acojonaba de más, pero a medida que íbamos cogiendo confianza, Jairo y yo íbamos perdiendo el miedo que se nos reflejaba en el rostro. Todos acabamos encantados de conocernos y poco a poco fuimos soltándonos.
Nos fuimos a comer. Y sí, aquí también se hablaba en inglés, por que de la nada salió Amanda, un encanto de chica que se introdujo en mi grupo suavemente. Al principio yo me sentía incómoda, pero no por ella, sino por que no sabía que contarla, ni siquiera cómo tenía que hacerlo, ni expresarme asi que técnicamente dejé que una de mis amigas hablara con ella mientras yo escuchaba y pensaba en como integrarme.
Y ya por la tarde apareció Dominic, parecía un superseñor, de estos de ordeno y mando, serio y como decirlo, muy muy inglés, vamos el típico estirado de toda la vida. Nos dió mil listas de vocabulario y todos nos mirábamos en plan "vamos a morir", pero luego cambió el chip. Empezó a hacer juegos y destruyó esa barrera de acojonamiento que todos llevábamos dentro, ya no parecía el típico inglés muy inglés.
Esa tarde no salimos, nos quedamos hasta la 1 de la mañana haciendo la redacción para el de gramática, estudiando el vocabulario, y lo más temido preparando la presentación de 3 minutos una y otra vez.
jueves, 15 de abril de 2010
Valencia: chapter 1
El domingo día 4 de abril me levanté a las 8 con mil preguntas, mil nervios y muchas ganas de ir a Valencia.
Me preparé rápidamente con lo que había dejado el día anterior ya listo, desayuné e hice los últimos preparativos, repasé la maleta, me cargué con todo, me despedí brevemente y a las 9 menos cinco salí de casa.
Por el camino me encontré a los trasnochadores que me apuntaron "que bonito el bolso que llevas en la maleta", me eché a reír. Estaba claro que empezaba el día con buen humor.
Llegué hasta "la casa del negro", donde mis amigas y yo siempre quedamos, puntuales como un clavo ahí estábamos todas a las 9 de la mañana y con 4ºC. Metimos como pudimos las maletas en el coche del padre de mi amiga y nos fuimos a la estación. Cogimos el bus hasta Madrid, 3horitas de relax y cuando desperté me sorprendí de los 15ºC, eso en Burgos es verano.
Recuerdo correr la cortina y el sol me cegó. Era un día radiante. Mis amigas y yo fuimos comentando los edificios que rodeaban Madrid. La verdad es que hacían contrastes muy extraños, "horrendos" fue nuestra palabra, pero tampoco somos arquitectas, así que supongo que era un tema simple para relajar los nervios que cada vez se agudizaban más.
Nos bajamos del bus y fuimos a por otro para llegar al aeropuerto, mientras picamos algo por el camino.
Por supuesto y como no, casi nos perdemos y nos pasamos de terminal, y es que mezclar la T2 con la T1... esto es Madrid por favor! poned más carteles! no seáis rácanos!.
Nos bajamos del bus y como siempre entre prisas y vueltas buscando las máquinas del checking y demás... terminé medio mareada. Demasiada gente, demasiado agobio, y para colmo no tenía ni idea de nada, pues era mi primer vuelo.
Así que los trámites me los hicieron las amigas, ya expertas en estos temas.
Ya facturado todo, pasamos por el escáner, me tocó quitarme botas, cinturón... madre mía, al final me quedo en plan Adán y Eva!, y al pasar por el chisme ese, como no, una de mis amigas pitó. La generala, se le acercó cacheándola, la preguntó la edad y lo mejor es que salta mi amiga, "¿mi edad? ¡qué nose!". Y yo pensando, de esta nos detienen, menos mal que se echaron a reír, si es que somos un show.
Y por fin subimos al avión, que por cierto me pareció superpequeño. Y ahí ya empecé a ponerme rígida, mientras escuchaba a la azafata en plan "vamos a morir, usad esto". El trasto se empezó a mover, pero cuando se elevó se me iba la cabeza, los oídos me zumbaban y vibrabamos enteras, así que espachurré las manos de las amigas que aguantaron como unas campeonas mientras se reían. Cuarenta y cinco minutos más tarde llegamos a nuestro destino, comimos como indigentes en el aeropuerto y media hora después seguía sorda. Como no, antes de irnos, tocó hacer otra de las nuestras, el baño iba x lectores y mis amigas diciendo "pos si no sale agua", cogí mi botella a escondidas, la llené y las salpiqué enteras, hasta que descubrieron el truco.
Bajamos al metro, y por supuesto, ni guarra de como iba eso, así que nos metimos por el sitio que no era y los hombres de información partiéndose de nosotras. De ahí surgió la regla: 1 de cada 3 valencianos, son cabrones.
Llegamos hasta el punto de intercambio con el tranvía y por supuesto, como ni zorra de como iba el ascensor ni de dónde estaba, pues como buenas norteñas, con las maletas a pulso por las escaleras.
Llegamos hasta Tarongers (que lo leímos tal y como suena, o sea con j. El rostro del personal era un poema. La manía nuestra de leer como se escribe y la manía de los otros de inventarse sonidos que no corresponden con la escritura.), aparcamos todo en las habitaciones, conocimos al recepcionista pirao, y a la compañera de habitación de una de mis amigas y nos fuimos a la playa de investigación del territorio. Mapa en mano y discutiendo por dónde se iba (y eso que todo era recto). Nos hicimos unas fotos y nos fuimos a cenar. Nos costó dormirnos, pues estábamos con el 100% completo de nervios y estuvimos cavilando con la idea del desterramiento. ¿Qué haríamos si nos deportaban? Un albergue, llamada a las amigas del pueblo que vivían ahí, irnos a Granada a casa de una de mis amigas....
Me preparé rápidamente con lo que había dejado el día anterior ya listo, desayuné e hice los últimos preparativos, repasé la maleta, me cargué con todo, me despedí brevemente y a las 9 menos cinco salí de casa.
Por el camino me encontré a los trasnochadores que me apuntaron "que bonito el bolso que llevas en la maleta", me eché a reír. Estaba claro que empezaba el día con buen humor.
Llegué hasta "la casa del negro", donde mis amigas y yo siempre quedamos, puntuales como un clavo ahí estábamos todas a las 9 de la mañana y con 4ºC. Metimos como pudimos las maletas en el coche del padre de mi amiga y nos fuimos a la estación. Cogimos el bus hasta Madrid, 3horitas de relax y cuando desperté me sorprendí de los 15ºC, eso en Burgos es verano.
Recuerdo correr la cortina y el sol me cegó. Era un día radiante. Mis amigas y yo fuimos comentando los edificios que rodeaban Madrid. La verdad es que hacían contrastes muy extraños, "horrendos" fue nuestra palabra, pero tampoco somos arquitectas, así que supongo que era un tema simple para relajar los nervios que cada vez se agudizaban más.
Nos bajamos del bus y fuimos a por otro para llegar al aeropuerto, mientras picamos algo por el camino.
Por supuesto y como no, casi nos perdemos y nos pasamos de terminal, y es que mezclar la T2 con la T1... esto es Madrid por favor! poned más carteles! no seáis rácanos!.
Nos bajamos del bus y como siempre entre prisas y vueltas buscando las máquinas del checking y demás... terminé medio mareada. Demasiada gente, demasiado agobio, y para colmo no tenía ni idea de nada, pues era mi primer vuelo.
Así que los trámites me los hicieron las amigas, ya expertas en estos temas.
Ya facturado todo, pasamos por el escáner, me tocó quitarme botas, cinturón... madre mía, al final me quedo en plan Adán y Eva!, y al pasar por el chisme ese, como no, una de mis amigas pitó. La generala, se le acercó cacheándola, la preguntó la edad y lo mejor es que salta mi amiga, "¿mi edad? ¡qué nose!". Y yo pensando, de esta nos detienen, menos mal que se echaron a reír, si es que somos un show.
Y por fin subimos al avión, que por cierto me pareció superpequeño. Y ahí ya empecé a ponerme rígida, mientras escuchaba a la azafata en plan "vamos a morir, usad esto". El trasto se empezó a mover, pero cuando se elevó se me iba la cabeza, los oídos me zumbaban y vibrabamos enteras, así que espachurré las manos de las amigas que aguantaron como unas campeonas mientras se reían. Cuarenta y cinco minutos más tarde llegamos a nuestro destino, comimos como indigentes en el aeropuerto y media hora después seguía sorda. Como no, antes de irnos, tocó hacer otra de las nuestras, el baño iba x lectores y mis amigas diciendo "pos si no sale agua", cogí mi botella a escondidas, la llené y las salpiqué enteras, hasta que descubrieron el truco.
Bajamos al metro, y por supuesto, ni guarra de como iba eso, así que nos metimos por el sitio que no era y los hombres de información partiéndose de nosotras. De ahí surgió la regla: 1 de cada 3 valencianos, son cabrones.
Llegamos hasta el punto de intercambio con el tranvía y por supuesto, como ni zorra de como iba el ascensor ni de dónde estaba, pues como buenas norteñas, con las maletas a pulso por las escaleras.
Llegamos hasta Tarongers (que lo leímos tal y como suena, o sea con j. El rostro del personal era un poema. La manía nuestra de leer como se escribe y la manía de los otros de inventarse sonidos que no corresponden con la escritura.), aparcamos todo en las habitaciones, conocimos al recepcionista pirao, y a la compañera de habitación de una de mis amigas y nos fuimos a la playa de investigación del territorio. Mapa en mano y discutiendo por dónde se iba (y eso que todo era recto). Nos hicimos unas fotos y nos fuimos a cenar. Nos costó dormirnos, pues estábamos con el 100% completo de nervios y estuvimos cavilando con la idea del desterramiento. ¿Qué haríamos si nos deportaban? Un albergue, llamada a las amigas del pueblo que vivían ahí, irnos a Granada a casa de una de mis amigas....
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